el arte del retoque

Del disparo a la fotografía retocada

Cuando me puse a investigar acerca del mundo del retoque en España, después de haber residido en Argentina más ocho años me di cuenta de que el mundo del retoque se encuentra medio oculto. Buscar un retocador profesional en Google.es no es tarea fácil. Sus webs no están optimizadas  y por ello en las dos primeras páginas sólo se ven tres webs de retocadores. El resto son el resultado de la típica confusión del famoso buscador. Una de las maneras de abrir las ventanas del mundo del retoque profesional es invitar a todos los profesionales de la fotografía a compartir sus experiencias. Este lugar siempre dará cabida a las buenas aportaciones de todos ellos.

La historia que siempre quise contar es la que vive la luz atrapada en el momento del disparo hasta que se convierte en un TIF terminado para entrega y que muchos aspirantes y amantes de la fotografía agradecerán si logro transmitirlo:

Nada más entrar en la cámara a través del objetivo la luz se convierte en millones de pixels ordenados. Si la calidad de la cámara y sobre todo la de la lente es buena, esos pixels se ordenan de mejor manera. No importa tanto la cantidad de millones de pixels sino la forma en que se reparten por la superficie del sensor. Un pixel no es más que un cuadradito pequeñito con un color único de entre unos 64.000 que existen y es la mezcla de un valor de rojo, de verde y de azul.

Allí, en el sensor, adopta la forma básica y cruda (RAW), es decir toda la información posible es capturada, ordenada y empaquetada en un formato propio para cada marca de cámara (Canon: CR2, Nikon: NEF, etc.). La cámara le asigna un código y un número y allí empieza el viaje de lo que los anglosajones llaman el Digital Imaging Workflow que tantos dolores de cabeza ha traido a profesionales y aficionados desde que no vamos a los laboratorios de revelado. Muchos nunca lo vieron, lo que hace un poco carca este post.

Del disparo a la fotografía retocada.

Foto de la serie Latinstock Collection. Autor: Tomeu Ozonas para ©LatinStock

En fin, que  tenemos instalado el sistema fotográfico-informático nos guste o no en nuestra casa o estudio después de haber gastado bastante dinero entre cámaras perecederas, ordenador, monitor, discos duros de todos los tipos, lectores de tarjetas y un largo etcétera. Me han consultado suficientes veces amigos fotógrafos como para darme cuenta de la pesadilla en que se puede convertir almacenar sin freno miles y miles de fotos en discos duros sin tener tiempo ni para borrar las malas. Y es aquí donde sigue la historia del archivo fotográfico digital:

Ya tenemos el archivo _MG_0001.CR2 en nuestra tarjeta de memoria. Si la hemos formateado antes esta sólo en el abismo. Unos 25 megas donde caben unos 16.834 (16 Gb) pero no importa, es barato por fin apretar el obturador,  y a  _MG0001 le irán acompañando otros con distintos numeritos 0002, 0003, 0004 y así hasta que demos por finalizada la sesión o el viaje. En algún momento, cuando no quepan más o queramos ver en pantalla el resultado, la sacaremos de la cámara y produciremos su primera copia, su primer clon.

Es allí, en plena sesión, entre las demás, La _MG_0001, que es la que no se suele salvar pues es un disparo de prueba donde la modelo tiene aún a la maquilladora retocándole los pómulos, se mantiene virgen, sin nombre propio.  Sin embargo la PRT_03276.CR2 * (ya bautizada!) acabará en la brillante pantalla de nuestro ordenador. Para llegar allí necesitamos una aplicación especial diseñada para renombrar, archivar, catalogar y muchas cosas más. Yo siempre he usado el Aperture de Apple pues salió al mercado primero en su categoría y justo cuando lo necesitaba allá por el 2007. Es más sin el programa no hubiera podido acometer ese trabajo de año y medio donde tuvimos que administrar unos 30.000 raws para LatinStock.

Entonces, decíamos que tenemos una serie de archivos fotográficos recién copiados al disco de nuestro ordenador. Este el momento de aclarar la gran importancia de este decisivo paso. Algunos las arrastran de la tarjeta al escritorio y otros usan el Lightroom, el Bridge, el Capture One, el Nikon View o el Aperture y es ahí donde reside la base de tu administración de archivos y de tiempo.

Imaginemos una foto en una carpeta del finder o escritorio (sin ser bautizada) con su previo y fecha de creación y comparemos con las otras que entraron renombradas, fueron cuidadosmente colocadas en un proyecto con nombre, un álbum, tiene pegadas las palabras clave que le corresponden (no hace falta abrirla para saber que contiene) y ademas la podemos enviar por mail con un clic, la podemos exportar al tamaño que queramos, donde sea y como sea. Y lo más importante: Podemos sacar a nuestro gusto toda la información que contine el raw, tunearla y exportarla para hacer los retoques finales, si lo necesita (esta es otra historia), en el photoshop en un archivo de 16 bit listo para la entrega al cliente.

Desde el programa de administración de imágenes tenemos el control total. No aprender, no utilizar tiempo de aprendizaje, solo traerá problemas. Iba a hablar en otra entrada de algo que no ha sido nombrado y que sin un buen uso todo se va al traste: El Backup o copia de seguridad, pero eso es otra historia.

 

 

 

 

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